DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO (23/08/2020)

 Por el Hno. Rafael González

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»


Evangelio de Mateo 16, 13-20

 

En medio de todo lo que hemos estado viviendo este año, se vuelve oportuno la pregunta que le hizo Jesús a sus discípulos. ¿Quién decís que soy yo? ¿Quién es Jesús para mí en el 2020? ¿Quién es Jesús para el mundo actual? ¿Será que sigue siendo el Mesías como afirmó Pedro sin ningún titubeo?


Hace unas semanas atrás recibí un mensaje donde el autor decía que cuando éramos niños o niñas anhelábamos una felicidad enorme y absoluta. Sin embargo, la gran lección de esta pandemia ha sido aprender a disfrutar de los pequeños momentos que nos ofrece la vida, las únicas que existen. En ese momento me sentí absolutamente frío porque aquella frase en vez de darme un mensaje positivo me dejaba pensando que la humanidad ha dejado de anhelar a Dios.


Nos hemos conformado con los pequeños momentos de felicidad porque al parecer son los únicas que existen. No tengo ninguna objeción con eso. Por ejemplo, esos pequeños momentos han sido el reencuentro con nuestra familia, el saber que hoy estoy disfrutando un café con los más cercanos en mi hogar. Claro que debo disfrutar de esos momentos de felicidad, pero no estoy de acuerdo que sean los únicos que existan.

Hay uno más grande y absoluto que es Dios, aquel por el cual los santos y las santas solamente anhelaban permanecer con él. Cuando leo lecturas espirituales o poemas como el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, observo personas totalmente enamoradas por ese amor que buscan la manera por permanecer en esa felicidad eterna.


¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién es Jesús para ti? ¿Es solamente un Jesús histórico que dijo cosas buenas o consejos útiles? Que mi anhelo sea siempre él porque quiero ser como aquellos cristianos que cuando conocieron a Jesús no dudaron en responder con firmeza, «tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»


DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO (16/08/2020)

 Por el Diácono Asiel M. Rodríguez, O.S.B.


¡Qué grande es tu fe!


Evangelio de Mateo 15, 21-28

 

En distintos momentos de la historia de Israel y de la Iglesia, se ha optado por la opción de cerrar filas, cuidar la ortodoxia, subrayar los signos de identidad... El tiempo ha mostrado que todo esto no sirvió más que para alargar la crisis. Y al final tuvieron que llegar los cambios, las nuevas visiones, los nuevos caminos.

 

Lo que hoy parece urgente y necesario es dialogar en todos los ámbitos y escuchar todas las voces. Como nos ha enseñado esta pandemia: "o nos salvamos todos juntos, o no se salva nadie". Me parece que viene al caso la oración de Jesús en su Última Cena: “Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal” (Jn 17,15). Somos y debemos ser parte de este mundo, mojarnos y caminar con él, aportar humildemente lo que sepamos y podamos, tender puentes, unir fuerzas... La Iglesia nunca debe dejar de ser casa abierta, lugar de encuentro, espacio de acogida, servicio de comunión y diálogo, de atención a los descartados y sufrientes.

 

Lo suyo (lo nuestro) son más las propuestas positivas, la justicia y el derecho, la multiculturalidad, que las descalificaciones y condenas (y menos aún las alianzas con el poder)... Una Iglesia «más humilde y evangélica», como tantas veces pide el Papa Francisco, para que algún día “todos los pueblos puedan llamarla y reconocerla como su propia casa”. Una Iglesia que no ofrezca migajas, porque si hay un solo Padre de todos, el pan de los hijos ha de llegar a todos los hijos. Ni pretenda quitarse de encima (ni consentir que otros lo hagan) a los que molestan y gritan y sufren, como aquella mujer siria, sino que reconozca y acoja y celebre la fe de los más sencillos, incluidos los paganos/inmigrantes (así tuvo que hacerlo el mismo Jesús, y de ese modo se ensanchó su horizonte misionero, más allá de "las ovejas de Israel").

 

¡Los pobres tantas veces nos tiran abajo nuestras seguridades, esquemas y programas! No consta que aquella mujer guardara las tradiciones judías, o que fuera al Templo, o.… sólo un dolor de madre y la fe/confianza en que Jesús podía ayudarla. Y ayudar a identificar y echar lejos a tantos demonios que se nos cuelan dentro y nos destruyen a todos. Para ello habremos de contar con nuestra fe, nuestra misericordia, nuestra solidaridad, confiando e insistiendo al Señor para que nos salve: ¡Señor, ayúdame, ayúdanos!

 

Que el Señor nos ayude a ser insistentes, a perseverar en la prueba, y a ser iglesia abierta de par a los que buscan saciarse del pan que nunca acaba. Amén.




Where do you find your salvation?

A reflection for Ash Wednesday 2024 by Brother Thomas Aquinas Hall, OSB “It’s scary, but still in everything about you I find salvation.” Th...